La falta de transparencia también en la Sanidad pública

Apenas nos hemos empeñado en comenzar a realizar el mapa del la triple terapia en España y salvo casos aislados solo encontramos trabas y secretismo… se nos evita responder e incluso se admite que tienen orden expresa de no facilitar esa información. Otra fórmula, la “comisión”, algo muy recurrente, sobre todo en Murcia… la “comisión” aun no se ha reunido, la “comisión” aun no ha decidido nada, la “comisión”… hermética, cerrada a cal y canto, por no saber, no sabes quien la compone, quien le delega autoridad y hasta donde es competente o es, simplemente, la maldita excusa para dejar a miles de pacientes sin atender.

Falta de transparencia que no solucionas cuando nadie te atiende al teléfono, cuando si te atiende alude a la comisión, al desconocimiento o a la directa prohibición de facilitar información que debería ser pública. Tan sencilla como si mañana dejaran de tratar al los pacientes de cáncer porque el tratamiento es muy caro y no tenemos garantía de éxito… y mientras tiene que reunirse la comisión. Ah, perdón… átense los machos, pronto muy pronto en sus pantallas… verán como los recortes empiezan también a alcanzar a tantos otros enfermos y tratamientos de distintas patologías. Tiempo. Solo es cuestión de tiempo.

¿Y el papel de nuestros profesionales de la medicina?, hasta donde llegan sus críticas a un modelo que les están imponiendo y que les obliga(?) a no tratar con su criterio clínico y si con encorsetados protocolos y normas de consenso, a su vez cada vez más restrictivas y oscuras. Hace unos fines de semana se reunieron en Cartagena lo mejor de nuestra medicina regional en el tratamiento de enfermedades hepáticas. La estrella de la reunión, los nuevos tratamientos de la hepatitis C. Para qué si no los dispensan, si muchos de ellos participan en la comisión que determina no dispensarlo, o al menos poner trabas y más trabas para que al final no sean dispensados. De esa cita no nos consta que saliera crítica alguna a este perverso modelo de disponer de la cura pero no utilizarla. Sabemos que particularmente, algunos son críticos con esta situación… pero porqué no la denuncian públicamente?

La última justificación a los retrasos en Murcia es tan sencilla como decir que tras la primavera viene el verano. Efectivamente. Los especialistas en apariencia no ven oportuno comenzar el tratamiento en estas fechas veraniegas sencillamente porque precisan de un seguimiento y control muy estricto que este periodo no facilita. Nosotros lo entendemos, claro. Pero quien entiende a los pacientes. El tiempo juega inexorablemente en su contra. Algunos llevan, llevamos, años esperando esta nueva triple terapia. Los especialistas, de los que nunca hemos dejado de confiar, nos han llevado en palabras. Pronto saldrán nuevos tratamientos más efectivos, más eficaces… que os alivien de la angustia, del sufrimiento y de la enfermedad. Ahora disponemos de unos tratamientos que elevan la posibilidad de cura un 50%… disponemos si, pero no dispensamos. El tiempo juega en nuestra contra. Muchos desarrollaremos cirrosis, cáncer hepático o ambas cosas, padeceremos sus complicaciones, sus costes… y solo un trasplante podrá curarnos. Salvo que estos también sean muy caros llegado el momento, como para costearlos por el SMS. Ojo, y llegado el caso del trasplante si aun perduras con el virus en tu organismo este no tardará en replicarse, dañar nuevamente tu hígado y volver a empezar con un ciclo que no merecemos y que sería fácil de evitar. Está en sus manos.

Pascual Parrilla: «No olvido las batallas que he perdido»

Pascual Parrilla: «No olvido las batallas que he perdido»

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Pascual Parrilla (1945, Torrente), llegó a Murcia en 1975 como profesor de la Facultad de Medicina y cirujano del Hospital Provincial. De ahí saltó a La Arrixaca como jefe de servicio de Cirugía General. Ha convertido a este servicio en una referencia en investigación, con más de 500 publicaciones científicas y un centenar de tesis doctorales. Ha creado unidades punteras como la de Cirugía Esofagogástrica. Fue el catedrático más joven de España. Es el máximo responsable del programa regional de trasplante hepático, que es referencia en todo el mundo con más de 850 trasplantes realizados.

A Pascual Parrilla (Torrente, 1945) todo el mundo en La Arrixaca lo conoce como ‘el profesor’. No sólo porque ha dado clase a casi todos los cirujanos del servicio que dirige. También porque Parrilla es un sabio. Lo es en el sentido más clásico del término. Científico y humanista, amante de la conversación y la reflexión serena, abjura del griterío que nos rodea y del ejercicio arbitrario del poder. La Comunidad Autónoma acaba de premiar su trayectoria otorgándole la Medalla de Oro de la Región, que recogerá este miércoles.

– En una entrevista que concedió hace ya años a este periódico todavía se acordaba del nombre de la primera persona a la que implantó un hígado. ¿Lo sigue recordando?

– Josefa. Claro que me acuerdo de Josefa. Me acuerdo del primer paciente, y del segundo, que era una mujer de Yecla, y del tercero, un hombre de Abanilla con el que luego estuvimos comiendo en su pueblo. Me acuerdo del cuarto, y del quinto… De los primeros no te olvidas nunca. Fueron muy importantes para nosotros. Sólo se trasplantaba en Madrid, Barcelona y Murcia, y era un reto muy importante.

– Lo que cuenta refleja una relación muy humana con los pacientes.

– La relación que tiene un cirujano con un enfermo es muy especial. El paciente no se está tomando una pastilla que le has recetado; que vaya mejor o peor depende de tus propias manos. Eso hace que cuando las cosas van mal padezcas mucho. Ha habido una hemorragia, se ha ido una sutura… Si algo caracteriza a la escuela de cirujanos que hemos formado aquí en Murcia es que todos tienen una relación especial con los pacientes porque todos me han visto a mí hacerlo. Lo digo siempre: «No entréis nunca a ver a un enfermo sin ver antes la historia y saber cómo se llama. Y cuando entréis lo llamáis por su nombre». Eso lo agradece mucho el paciente: que te sientes a su lado, le cojas la mano y le preguntes cómo ha pasado la noche. Donde muchas veces no llegamos con los recursos médicos hay que llegar con la palabra: atenderlos, consolarlos. Estamos hablando de que la mayoría de cirugía en el hospital es de enfermos muy graves, oncológicos. Es gente que está en la jungla, perdida, y se te agarra al brazo porque piensa que tú lo puedes salvar. Hay una responsabilidad muy grande. No podemos ser fríos.

– ¿Cómo se consigue, después de tantos años, no caer en cierta deshumanización?

– Cuando viene un enfermo y un médico empieza: «Mujer de 45 años con tal patología», yo digo: «Un momento. Cómo se llama, de dónde viene, cuántos hijos tiene, a qué se dedica». Antes de hablar con el paciente quiero saber quién es. Muchas veces se quedan pasmados, pero la historia clínica no se puede hacer de otra manera. Tienes que saber si es una persona optimista o pesimista, si es de los que creen que tienen la desgracia encima, tienes que conocer sus hábitos… Eso es básico para que el paciente gane confianza. Para mí es fundamental, porque si no, no sé ni cómo hablarle, cómo explicarle lo que tiene y lo que vamos a hacer. Porque dependiendo de cómo es él, las cosas hay que explicárselas de una u otra manera.

– Pero en toda profesión siempre hay cosas que se convierten en rutina.

– De esto no te puedes cansar. Te has de enganchar a los enfermos. Yo tengo cartas de agradecimiento a centenares, y todas dicen lo mismo: Estamos muy agradecidos de su habilidad técnica, pero sobre todo de su comportamiento, de cómo se ha portado con nosotros. Es que eso es fundamental.

– Pero eso tiene otra cara: las consecuencias psicológicas para el cirujano. Usted ha tenido muchos éxitos pero, ¿cómo asume la pérdida de un paciente?

– Cuando pierdes, cuando las cosas se tuercen y la escena está dominada por el pánico y la angustia, llegas a casa y tu mujer te dice: «Así no podemos seguir viviendo, no puedes llevar encima los dramas de todo el mundo». Pero es que no se puede ser buen médico de otra manera. No somos relojeros y no estamos montando ruedas de coche. Es así, sobre todo con el paciente oncológico, que es lo que aquí vemos. Cáncer de páncreas, cáncer de esófago, trasplantes. Son enfermos muy complejos. No sólo es la operación, luego hay que estar pendientes, revisarlos… La profesión es así. Hay momentos en que pierdes, pero también en muchos ganas, y el paciente te mira a los ojos y es muy reconfortante. A lo mejor has hecho una operación y está allí toda la familia y algo está saliendo mal. Les dices que no se preocupen, pero tú te vas a tu casa y no duermes. Padeces mucho pero, en fin, vivir no es sólo reirse.

– En definitiva, ha tenido que aprender a asumir las derrotas.

– Por supuesto. Es más, no me acuerdo de las cosas que han ido bien. Eso se me olvida. Lo que no se olvida es lo que ha ido mal, las batallas que has perdido siendo consciente de que ha sido por tí, porque no actuaste como debías y luego las cosas vienen ya mal dadas y no se puede solucionar. Otras veces, aunque hagas todo bien las cosas van mal porque surgen complicaciones. Hay situaciones en la batalla contra el cáncer que solucionas, y otras no. Las vas manteniendo, las vas alargando, pero al final la batalla termina.

– Hablemos ahora de los éxitos. La unidad de trasplante hepático es una referencia en toda España.

– El servicio de Cirugía es de referencia a nivel nacional porque está estructurado en unidades superespecializadas, y cada una de ellas ha alcanzado un nivel de excelencia importante. En este servicio hay por ejemplo una unidad de cirugía esofagogástrica, que hace que nos manden aquí los cánceres de esófago de toda la Región y de otras comunidades limítrofes. También hay unidades de cirugía endocrina (tiroides, etc), cirugía colorrectal, obesidad mórbida, trasplante de hígado y pancreas, cirugía de la mama… He conseguido que los cirujanos que trabajaban conmigo aceptaran dedicarse a un campo concreto. Eso supone una renuncia, pero yo les digo: «No te preocupes, en unos años serás un referente nacional en esto». Este fue probablemente el primer servicio de España que adoptó este esquema de superespecialización.

– De todo lo que ha conseguido, ¿qué le hace sentirse más orgulloso?

– Lo que más define a este departamento, lo que lo distingue de otros en España es, por una parte, la vocación investigadora. Hablo de investigación de nivel, de publicar en revistas de impacto. Se nos conoce, somos referencia internacional en muchos campos. Otro aspecto que nos define es esa relación especial médico-paciente de la que hablábamos antes. Otra, el nivel de la calidad asistencial. Aquí vienen a aprender residentes y médicos de casi todas partes de España.

– A usted, en el hospital, le llaman profesor.

– Aquí somos 27 cirujanos. De ellos, tres llegaron conmigo cuando vine de Valencia, y otros 23 son alumnos míos de aquí, de Murcia. Me conocieron cuando fui a darles clases. Les gustó la cirugía, hicieron el MIR, sacaron una muy buena nota, escogieron Cirugía y se quedaron. En ese sentido, somos una familia. Me da mucha satisfacción comprobar que son buenos profesionales científicamente, técnicamente, humanamente, que se les reconoce en todo el país, que están convencidos de que hay que hacer un departamento competitivo y potente. Hemos creado una escuela, un grupo muy importante. De mis alumnos hay ya tres catedráticos, y hay cinco o seis profesores titulares en la Universidad.

– Dicen que en algunas clases sus alumnos le han llegado a aplaudir.

– (sonríe) Eso fue el año pasado.A mí me gusta mucho dar clase. Ahora doy menos, voy a explicar los temas más frecuentes: apendicitis, abdomen agudo… Eso está en los libros, pero si a los chicos se lo cuenta una persona que tiene experiencia y se lo comunica bien, no se les olvida nunca. Cuando vas por ahí, te da mucho gusto que en otras ciudades te digan: «Yo estudié con usted, y no me he olvidado nunca de sus clases». En el Morales Meseguer hay un gran número de cirujanos que han sido residentes míos. He formado a más de 120 residentes de cirugía. Y alumnos en la Facultad, si empecé en el 75… No sé, ya he perdido la cuenta.

– ¿Cuántas veces ha entrado al quirófano a lo largo de su vida?

– Uff… Muchísimas. No lo sé. Unas 300 al año. Empecé con la residencia cuando tenía 22 años y tengo 64. Mire si han pasado años.

– Cuando abandona la mesa de operaciones, ¿qué cosas le preocupan del mundo que le rodea?

– Todo, me preocupa todo. Soy ciudadano. A parte del fútbol, que es lo único que me distrae, me gusta el cine, me gusta leer, y procuro estar al día. Leo la prensa los fines de semana. Intento enterarme de cómo van las cosas.

– ¿Ve alguna patología grave en el panorama actual?

– Pintaba mejor esto después de la Transición. Todo era más constructivo. La oposición era más constructiva, tanto la que hacía la derecha como la que hacía la izquierda. No me gusta lo que veo, no me gusta la política de cuanto peor mejor. No hablo de unos o de otros, hablo de todos. Luego está la corrupción, que también afecta tanto a unos como a otros. Es un desencanto para la población. Creo que si tiene que haber dos Españas no debe ser la izquierda y la derecha, sino la España de los que trabajan y la de los que no trabajan, la de los honrados y la de quienes no son honrados. Ahí si me apunto, pero a una España de izquierdas y otra de derechas, no. La vida va enseñándole a uno muchas cosas.

– En las entrevistas que ha concedido le han preguntado si se considera usted un peso pesado de la sanidad regional. Siempre ha contestado que no, pero con esta medalla no sé si puede seguir negándolo.

– Yo lo que puedo decir es que soy un apasionado de mi profesión: de la enseñanza, de la investigación, de la asistencia y los enfermos. Llegué a Murcia muy joven, con 29 años, y me he dedicado a esto en cuerpo y alma. Eso pueden decirlo mi mujer y mis hijos. No tengo ningún poder, quizá sí autoridad moral porque ya son muchos años dando la cara. No me gusta ejercer poder; no me gusta gritar a un residente. También tengo que decir que todos los poderes políticos de Murcia me han respetado siempre, y me han ayudado. Este presidente, con el que personalmente no he hablado más de tres o cuatro veces, siempre me ha escuchado, me ha entendido y me ha apoyado.

Fuente: La Verdad

Primer ensayo en humanos de vacuna contra la hepatitis C

Ya se ha comenzado la fase 1 de análisis en humanos para una vacuna contra el virus de la hepatitis C. Los ensayos comenzaron el 28 de julio y en breve se sumarán 30 voluntarios a los cuales se les aplicarán diferentes dosis para analizar.

Investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Massachusetts han iniciado ya la fase 1 de análisis en humanos para obtener el remedio contra el virus de la hepatitis C. A fin de año, cuando concluya el examen, valorarán cuál es la dosis más efectiva. Por otro lado, la fase 2 del programa contempla utilizar el anticuerpo en pacientes trasplantados.

Hepatomur

Hepatomur

hepatomur La Asociación Murciana de Enfermos y Transplantados Hepáticos (HEPATOMUR) es un proyecto de varios pacientes enfermos de Hepatitis C de la Región de Murcia que atiende a la necesidad que de información y asesoramiento que fuera del ámbito hospitalario necesitan los enfermos hepáticos de nuestra región.

La nuestra es una región privilegiada que cuenta con un magnífico programa de transplantes y un equipo de transplante hepático de reconocido prestigio.

Nuestro deseo es poner en marcha una red de apoyo y confianza mútua entre pacientes de intercambio de experiencias y solidaria en todos los aspectos emocionales que conlleva la evolución de la enfermedad hepática y su tratamiento.

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