Proteínas y la Hepatitis C

Proteínas y la Hepatitis C

La hepatitis C causa una reducción en la capacidad del organismo de procesar las proteínas. Es importante reducir tu ingesta de proteínas si padeces hepatitis C para prevenir una sobrecarga proteínica.

El hígado realiza muchas funciones relacionadas con el metabolismo. Una de sus principales funciones es el procesamiento de las proteínas ingeridas en la dieta. En la personas que padecen enfermedades del hígado como la hepatitis C o la cirrosis, la habilidad de digerir y metabolizar las proteínas es afectada y disminuida. Un exceso de proteínas en la dieta en este tipo de pacientes puede llevar a una encefalopatía y en casos más severos a un coma hepático debido a una sobrecarga proteínica.

Hepatitis C y la ingesta de proteínas

Se requiere un consumo adecuado de proteínas para construir y mantener los músculos  y para ayudar al proceso de regeneración del organismo. La ingesta diaria recomendada depende de tu peso corporal y equivale a 0.8 gramos de proteínas por kilogramo de peso. En pacientes con hepatitis C es necesaria una ingesta de entre 60 y 120 gramos de proteínas por día. A no ser que el médico detecte riesgo de encefalopatía. La encefalopatía es un estado mental alterado, cuyas causas exactas se desconocen pero es probablemente multifactorial. Una restricción de proteínas en la dieta, pasando a una dieta sólo vegetariana ha resultado útil para revertir esta condición, mejorando la capacidad mental del paciente.

Metabolismo de proteínas en el hígado

Los alimentos animales y vegetales son fuente de proteínas en nuestra dieta. Durante la digestión, las moléculas de aminoácidos complejos que componen las proteínas,  son degradadas en el hígado para producir aminoácidos simples. Estos son usados por las células en el sistema digestivo, principalmente en el intestino delgado. Luego ingresan al torrente sanguíneo donde son enviados a todas las células del cuerpo. La hepatitis C interfiere en este proceso llevando así a una sobrecarga de proteínas.

Encefalopatía por Hepatitis C

Cuando se consumen demasiadas proteínas con hepatitis C, se puede presentar una seria condición llamada encefalopatía. La acumulación de grandes cantidades de amoníaco, un producto de desecho de la digestión de las proteínas, se acumula causando toxicidad en el cerebro. En casos severos de sobrecarga proteínica el paciente puede caer en estado comatoso el cual podría ser fatal. El tratamiento de esta condición  es reducir la cantidad de amoníaco en el sistema al eliminar las proteínas de la dieta.

Precauciones sobre enfermedades hepáticas

Mientras que la hepatitis C usualmente es asintomática, sus efectos son peligrosos a largo plazo. Si has estado expuesto a situaciones que te puedan haber contagiado de una enfermedad de este tipo, es recomendable que te sometas a un examen médico. El estar enterado de que se padece una condición como esta, te permite modificar tu estilo de vida para minimizar al máximo las complicaciones que podrías experimentar.  A pesar de que los efectos colaterales del tratamiento de la hepatitis C pueden resultar molestos, se ha probado que este tipo de tratamientos es efectivo para un alto porcentaje de los pacientes que la padecen.

Fuente: alimentación sana

Surgen nuevas alternativas para el tratamiento de la infección por el virus c de hepatitis

La respuesta subóptima que se logra con las terapias actualmente disponibles motivó el estudio de nuevos agentes, algunos de ellos muy promisorios, para el tratamiento.

Dr. Khattab M
World Journal of Gastroenterology 15(28):3472-3479, 0

Introducción

La hepatitis crónica por virus C (HCC) es una causa importante de morbilidad y de mortalidad en todo el mundo. La mayor prevalencia de infección por el virus C de hepatitis (HCV) se detecta en Egipto: 12% en la población general y hasta un 40% en los sujetos de más de 40 años, especialmente en las áreas rurales. El HCV es un virus ARN que pertenece a la familia Flaviviridae; hasta el momento se conocen 6 genotipos y más de 50 subtipos. Por lo general, el genotipo varía entre un 30% y un 35% entre los diferentes tipos genéticos; las diferencias en el genotipo se relacionan con la respuesta al tratamiento antiviral. Actualmente, el tratamiento de la HCC consiste en la administración de interferón (IFN) más ribavirina durante 24 a 48 semanas. Sin embargo, la respuesta virológica sostenida sólo se logra en el 42% al 52% de los enfermos que no han sido tratados con anterioridad; el resto de los pacientes no responde o recidiva cuando la terapia se interrumpe. Todavía no se conocen con precisión los mecanismos que participan en el fracaso terapéutico del IFN; sin embargo, es muy probable que intervengan factores virales y del hospedero.

Uno de los principales problemas desde el punto de vista terapéutico es la rapidez con la que el virus presenta mutaciones relacionadas con resistencia; es por ello que la creación de nuevas estrategias -destinadas a modificar los factores del hospedero que permiten la replicación del virus- es muy interesante. Estos abordajes se asociarían con una menor posibilidad de aparición de resistencia.

El HCV tiene una particularidad que lo distingue de otros virus: el ciclo viral completo se asocia con el metabolismo del colesterol en las células del hospedero. Por ende, las drogas que modifican el metabolismo del colesterol podrían ser útiles para el tratamiento de la infección. Otros blancos posibles incluyen las proteínas del hospedero necesarias para la infección y los receptores nucleares.

Inhibición de la entrada del virus a las células
Anticuerpos anti-receptor
El HCV circula en la sangre en forma libre o en complejos con las inmunoglobulinas o las lipoproteínas de muy baja densidad (VLDL), de densidad intermedia o de baja densidad (LDL). El ARN viral siempre se encuentra en al menos una de estas 3 fracciones. La entrada del virus a la célula es el primer paso obligado para que éste cumpla su ciclo de replicación; el bloqueo de este paso representa una opción atractiva de tratamiento.

La unión del virus a las células y su pasaje al interior de éstas depende del pH y de la vía de endocitosis en la que participa la clatrina. El CD81 y el receptor de depuración clase B tipo 1 serían componentes esenciales para que el virus ingrese a las células del hospedero. El receptor de las LDL también estaría involucrado en este proceso. El diseño de moléculas pequeñas que se unan a las proteínas que permiten la entrada del virus a la célula representa una de las posibilidades para bloquear el primer paso de la replicación viral. Ciertas moléculas que se unen a la porción extracelular del CD81 podrían evitar la unión del HCV E2.

-Receptor de depuración BI (scavenger receptor [SR-BI])
Es una lipoproteína muy abundante en el hígado y en las glándulas adrenales; participa en la captación selectiva de los ésteres de colesteril de las lipoproteínas de alta densidad (HDL). Las partículas virales forman complejos con las lipoproteínas; los estudios experimentales recientes revelaron una asociación con las VLDL que tienen apolipoproteína B (apoB) y apoE.

El mismo SR-B1 participa en el reconocimiento de diferentes glucoproteínas del HCV E2 a pesar de la importante variabilidad en la secuencia de aminoácidos, especialmente en la región HVR1, involucrada en la interacción con el SR-B1.

El HCV utilizaría este receptor para ingresar a la célula y para llevar adelante su actividad fisiológica; la transferencia de lípidos de las HDL facilita la entrada de diversos virus a las células, entre ellos, el virus de la influenza, el virus de la inmunodeficiencia humana y el HCV. Recientemente se descubrió que el SR-B1 también sería importante para el reconocimiento de antígenos virales y en el proceso de presentación de los estos en combinación con las moléculas de histocompatibilidad clase I. Por ende, la interacción entre el SR-B1 y los antígenos virales representa un blanco terapéutico interesante.

Las HDL aumentan la capacidad de infección y protegen al virus de los anticuerpos neutralizantes; más aún, las HDL pueden reducir el efecto neutralizante de los anticuerpos anti-HCV. Los anticuerpos contra el SR-B1 o contra el CD81 podrían interferir con la infección y ser opciones útiles de tratamiento. Se ha visto que los anticuerpos contra las apoB ejercen una actividad antiviral; recientemente se constató que el BLT-4 y otros inhibidores de la transferencia de lípidos mediada por el SR-B1 no sólo inhiben la entrada del virus a la célula, sino también restauran la capacidad de los anticuerpos neutralizantes, al menos en algunos ensayos experimentales.

-CD81
Un estudio reciente reveló que el CD81 es un receptor crítico para la infección por el HCV in vitro. La administración de anticuerpos monoclonales anti-CD81 evita la infección de las células hepáticas en ratones; sin embargo, una vez que ocurre la infección, no se observan diferencias en la viremia entre los animales del grupo control y los tratados con el anti-CD81. Los resultados sugieren que los anticuerpos contra este antígeno podrían ser particularmente útiles en ciertas circunstancias, por ejemplo para evitar la infección en los enfermos que son sometidos a trasplante hepático.

Modos de transmisión viral
Existen dos formas esenciales de transmisión viral: extracelular y entre las células. La primera de ellas comienza cuando el virus es liberado de una célula infectada e ingresa en el compartimiento extracelular. El virión puede unirse a los receptores de superficie que se expresan en las células no infectadas, ingresar en ellas y repetir el ciclo de infección. En este proceso, el virus puede enfrentarse con anticuerpos u otros componentes del sistema inmunitario que limitan la infección. En el segundo modo de transmisión, el virus pasa de una célula a la otra y “evita” la interferencia inmunitaria y la unión a los receptores. Este tipo de transmisión es posible con diversos virus, entre ellos, VIH, virus linfotrófico T humano tipo 1, virus de la estomatitis vesicular y HCV -al menos in vitro. Si se confirma este modo de transmisión in vivo, las moléculas dirigidas contra los receptores celulares no serían una terapia antiviral eficaz.

Metabolismo del hospedero como blanco terapéutico

La infección por el HCV induce trastornos importantes en el metabolismo de los lípidos, de la glucosa y de la vitamina D. Diversos virus -virus de la influenza, VIH y virus de hepatitis- tienen la capacidad de incrementar notablemente el metabolismo celular. Muchos procesos metabólicos son esenciales para la supervivencia de las células y de allí que no representen blancos terapéuticos viables. 
Inhibidores de la síntesis de lípidos en las células del hospedero
Mediante la aplicación de nuevas técnicas fluxómicas se comprobó que el virus toma el control del metabolismo de las células; por ejemplo, induce un aumento en la síntesis de ácidos grasos. Al interferir el metabolismo de los lípidos se podría bloquear la replicación del virus ya que la biosíntesis de los ácidos grasos no es esencial en los seres humanos adultos; en cambio, es un proceso crítico para la formación de la cubierta del HCV, para su reproducción y para la diseminación. El uso de agentes para la obesidad podría ser, entonces, de cierta utilidad. Los resultados de estudios experimentales sugieren que las estatinas inhibirían la replicación del HCV al inducir la reducción de ciertos lípidos. Con excepción de la pravastatina, las restantes estatinas se asocian con efectos antivirales; la potencia es mayor para la fluvastatina e inferior para la atorvastatina y la simvastatina.

Un trabajo reciente reveló que la fluvastatina inhibe la replicación del ARN del HCV en los pacientes con HCC; además, el fármaco en dosis bajas es bien tolerado por estos enfermos. La información en conjunto sugiere que la combinación de la fluvastatina con el IFN pegilado y la ribavirina podría representar un esquema adecuado de terapia. Sin embargo, se requieren estudios prospectivos para establecer conclusiones firmes.

Otras drogas que se utilizan para el tratamiento de la hipercolesterolemia porque bloquean el ensamblaje y la secreción de las VLDL podrían ser eficaces para tratar la infección por HCV, ya que inhibirían la liberación de las partículas virales de las células infectadas. Los fármacos dirigidos contra la apoB y los inhibidores de la proteína de transferencia de los triglicéridos microsomales (MTP) bloquean la secreción de las VLDL y se asocian con una reducción plasmática de los triglicéridos de las VLDL y del colesterol asociado con las LDL. Sin embargo, el tratamiento prolongado con los inhibidores de la MTP se vincula con la acumulación tóxica de grasa en el hígado. En cambio, el tratamiento breve -durante varias semanas- induce una disminución de la concentración plasmática de las VLDL con muy pocos efectos adversos que desaparecen cuando se interrumpe la terapia. Los estudios futuros deberán determinar si el tratamiento a corto plazo con los inhibidores de la MTP es útil en la infección por HCV.

Inhibidores de la ciclofilina B
La ciclofilina B es otra proteína humana involucrada en la replicación del HCV. El inhibidor de la ciclofilina B Debio-025 suprime fuertemente la replicación in vivo del HCV genotipo 1.

Resistencia a la insulina
La resistencia a la insulina es un trastorno importante en la HCC porque se relaciona con la aparición de esteatosis, con la progresión de la fibrosis y con la falta de respuesta al tratamiento convencional. Diversos estudios demostraron que la obesidad, un factor potencialmente modificable, se asocia con un bajo índice de respuesta virológica sostenida. El mayor índice de masa corporal se acompaña de reducción de la sensibilidad a la insulina y con la evolución de la infección por HCV. Por lo tanto, la mejoría de la resistencia a la insulina podría contribuir a mejorar la evolución de la infección. La resistencia a la insulina, señalan los autores, inhibe directamente o en forma indirecta la acción antiviral del IFN-alfa-beta y torna al virus resistente al tratamiento. Los estudios experimentales revelaron una interferencia directa del HCV con los mecanismos de señalización de la insulina; también podría participar un efecto indirecto mediante el aumento de los niveles de ciertas citoquinas proinflamatorias, entre ellas, del factor de necrosis tumoral alfa. La interferencia con la insulina depende del genotipo viral, aunque todos los genotipos inducen un estado de resistencia a la hormona. Algunos factores involucrados en los trastornos metabólicos inducidos por el virus también participan en la regulación de la señalización dependiente del IFN-alfa. Por ende, la regulación de dichos factores podría revertir el estado de resistencia a la insulina y la actividad antiviral del IFN-alfa. Por estos motivos, en los pacientes con HCC, y especialmente en aquellos que no responden al tratamiento, se intenta restaurar la sensibilidad a la insulina. Sin embargo, las estrategias en este sentido todavía no se han establecido con precisión; tampoco se sabe si el tratamiento antiviral debería iniciarse en simultáneo con algún agente que aumente la sensibilidad a la insulina o si este último sólo debe indicarse con valores específicos en el modelo de la homeostasis. Un estudio reciente reveló que el tratamiento antiviral en combinación con metformina es seguro y se asocia con un aumento del índice de respuesta virológica sostenida del 10% en los enfermos con infección por el HCV genotipo 1 y con resistencia a la insulina.

Receptores nucleares
Receptor activado por el inductor de la proliferación de peroxisomas (PPAR)
Los PPAR son factores nucleares que participan en el metabolismo de la glucosa; además, inducen un estado de sensibilidad a la insulina mediante su acción antiinflamatoria. Por lo tanto, el tratamiento con agonistas de los PPAR se asocia con una mejoría de la sensibilidad a la insulina por mecanismos directos e indirectos, en el hígado y en los tejidos extrahepáticos.

En una investigación reciente, el agregado de pioglitazona (un agonista del PPAR-gamma) en dosis de 30 mg/día al tratamiento convencional se asoció con un incremento importante de la respuesta virológica; sin embargo, hacia el final de la terapia, el índice de respuesta virológica sostenida no aumentó. La información en conjunto sugiere que los agonistas de los PPAR podrían representar una nueva estrategia de tratamiento para los pacientes con HCC.

Receptor X de farnesoide y receptor de estrógenos
Los receptores de los ácidos biliares participan en la replicación del virus. Más aún, los ácidos biliares afectan los efectos antivirales del IFN en las células. Estas observaciones avalan el estudio de agentes que alteran el metabolismo de los ácidos biliares en el contexto de la replicación viral.

El receptor de estrógenos pertenece a la familia de los receptores nucleares esteroides. Existen dos subtipos del receptor de estrógenos, alfa y beta, cada uno codificado por un gen diferente. El tamoxifeno y otros agentes antiestrógenos suprimen la replicación del genoma y podrían representar nuevas opciones de terapia.

Otras modalidades de tratamiento

Nitazoxanida

La nitazoxanida es un agente antiparasitario, útil para el tratamiento de las infecciones por protozoarios. Además, se ha visto que esta droga inhibe la replicación viral por mecanismos que no tienen que ver con la acción antiparasitaria y antibacteriana. El fármaco induce selectivamente la fosforilación de la proteína quinasa dependiente del ARN; en consecuencia hay un incremento de la eIF2 fosforilada, un agente antiviral intracelular natural. Sin embargo, el mecanismo sólo se pone en marcha cuando la célula alberga al HCV -la nitazoxanida no tiene efecto sobre las células no infectadas, un fenómeno que tal vez explique la baja toxicidad del medicamento. Otra ventaja del fármaco es que no induciría resistencia. Un estudio reciente en 96 pacientes con infección por el HCV genotipo 4 reveló que la combinación de nitazoxanida, IFN pegilado alfa-2a y ribavirina se asoció con una respuesta virológica rápida y sostenida, sin efectos adversos de importancia. La nitazoxanida, un fuerte inductor de la proteína quinasa, incrementa el índice de respuesta y permite acortar la duración del tratamiento.

Conclusión

La respuesta subóptima que se logra con las terapias actualmente disponibles motivó el estudio de nuevos agentes, algunos de ellos muy promisorios, para el tratamiento de los pacientes con HCC, concluyen los expertos.

Fuente: IntraMed

Cáncer de Hígado (Hepatocarcinomas)

El hígado se localiza en la parte superior derecha del abdomen. Su peso es de aproximadamente 1.3 kg. Consta de dos lóbulos principales: izquierdo y derecho, éste último de mayor tamaño, y uno de menor tamaño denominado caudado.

Entre las principales funciones del hígado podemos destacar:

  • Producción de bilis, que ayuda a eliminar los desechos durante la digestión.
  • Producción de determinadas proteínas del plasma sanguíneo.
  • Regulación de la coagulación sanguínea.
  • Producción de colesterol y proteínas específicas para el transporte de grasas.
  • Depuración de la sangre de fármacos y otras sustancias tóxicas.
  • Conversión de sustancias tóxicas en urea, para su eliminación por la orina.
  • Producción de glucógeno (almacenamiento de energía).
  • Regulación de los niveles sanguíneos de aminoácidos.
  • Almacenamiento de hierro (obtenido de la hemoglobina).
  • Protección frente a infecciones.

El hígado tiene un doble aporte sanguíneo: de la arteria hepática y de la vena porta. La sangre del hígado, a través de las venas hepáticas, alcanza la vena cava inferior. El hígado se divide en una porción derecha e izquierda, separadas por un plano proyectado por la fosa de la vesícula biliar y la vena cava y definido por la vena hepática media. Funcionalmente, el hígado se divide en cuatro sectores (derecho anterior, derecho posterior, izquierdo anterior e izquierdo posterior) y ocho segmentos; estos últimos se numeran conforme a las agujas del reloj en el plano frontal.

Histológicamente, el hígado se divide en lóbulos con venas centrales que drenan cada uno de ellos. La triada portal entre los lóbulos contiene los conductos biliares intrahepáticos y el aporte sanguíneo, que consiste en pequeñas ramas de la arteria hepática y la vena porta y conductos linfáticos intrahepáticos.

Los ganglios linfáticos regionales del hígado son los hiliares, los localizados en el ligamento hepatoduodenal, los frénicos inferiores, los cavos, y los más importantes, localizados en la arteria hepática y en la vena porta.

EPIDEMIOLOGÍA

El hígado, junto al pulmón, son los órganos más frecuentemente afectados por metástasis provenientes de tumores originados en otras localizaciones.

En lo que a tumores primarios de hígado se refiere, los originados en este mismo órgano, el hepatocarcinoma es el más frecuente (80-90% de los casos), seguido a gran distancia por el colangiocarcinoma, el angiosarcoma y el hepatoblastoma (raramente ocurre en la edad adulta).
Considerado por muchos investigadores como uno de los tumores malignos más frecuentes, el hepatocarcinoma tiene una frecuencia de aparición muy variable dependiendo del género, grupo étnico y región geográfica.
Estos factores se consideran determinantes por condicionar una diferente exposición a los denominados factores de riesgo mayores para esta enfermedad. De este modo, según la frecuencia de aparición (incidencia) del hepatocarcinoma hablamos de tres categorías que agrupan las diferentes áreas geográficas mundiales:

  • Áreas de alta incidencia: Sudeste asiático y África subsahariana.
  • Áreas de mediana incidencia: Países mediterráneos y norte de Brasil.
  • Áreas de baja incidencia: América, Australia y norte de Europa.

La edad de aparición habitual en las zonas de baja incidencia es la edad madura (60 años), y en las áreas de alto riesgo suele aparecer en el adulto joven. La incidencia es más alta en los varones: 3 varones por cada mujer en áreas de bajo riesgo y 7 varones por cada mujer en zonas de alto riesgo.

En el contexto de la Unión Europea, España presenta una incidencia de cáncer de hígado de aproximadamente 12 casos por cada 100.000 hombres y 3.5 de cada 100.000 mujeres, similar a la de Francia, y sólo superado por Italia y Grecia.

La incidencia anual (número de casos nuevos por año) del cáncer de hígado en España es de aproximadamente 3.000 hombres y 1.300 mujeres. Recientemente se ha observado un incremento en la frecuencia de aparición del hepatocarcinoma en España, fundamentalmente relacionada con la infección por el virus de la hepatitis C.

ETIOLOGÍA Y FACTORES DE RIESGO

Se estima que entre el 60 y el 90% de los hepatocarcinomas están asociados a cirrosis, proceso por el cual las células dañadas del hígado son reemplazadas por tejido cicatricial.

La causa de origen no vírico más importante capaz de provocar cirrosis, y por tanto de desencadenar cáncer de hígado, es el consumo de alcohol.
Otras menos frecuentes son: el acúmulo en exceso de hierro en el hígado (hemocromatosis), las aflatoxinas derivadas de un hongo capaz de contaminar ciertos alimentos, la desnutrición, y el polvo de cloruro de vinilo (asociado más frecuentemente con el angiosarcoma).
Las infecciones crónicas por el virus de la hepatitis B y de la hepatitis C, ambas causantes de cirrosis son dos factores frecuentemente asociados al desarrollo del cáncer de hígado. De hecho, las personas portadoras del virus de la hepatitis B presentan un riesgo aproximadamente 100 veces superior al de la población general de desarrollar cáncer primario del hígado.
En África, la cirrosis raramente está vinculada sólo al alcoholismo, siendo más frecuente su asociación a infecciones por virus de la hepatitis B y C. Por contra, en Europa y América la cirrosis alcohólica es la causa más frecuente de hepatocarcinoma, pudiendo malignizarse hasta en un 15% de los casos.

PREVENCIÓN

Como resulta lógico pensar, la prevención pasa por evitar los factores de riesgo asociados al desarrollo de cáncer de hígado.

En las áreas de alto riesgo, la vacunación frente a la hepatitis B, la mejora en la higiene de los alimentos, y la reducción del consumo de alcohol son las bases fundamentales para intentar reducir la aparición de los tumores primarios de hígado.
En las áreas de bajo riesgo, pudiendo incluir aquí a España, la estrategia fundamental para prevenir esta enfermedad pasa por reducir los índices de alcoholismo en la población.
Entre los consejos para reducir el riesgo de desarrollar cáncer de hígado, podemos incluir:

  • Consumo de alcohol con moderación.
  • Vacunación frente a la hepatitis B.

En caso de uso de jeringas, usar siempre una aguja limpia, sin compartir la jeringa con otras personas.

Uso de preservativo en las relaciones sexuales siempre que se desconozca si la pareja es monógama o si puede padecer hepatitis.

No se ha descrito ningún programa de detección precoz (screening) eficaz en la población sana.

El seguimiento ecográfico semestral de los pacientes con cirrosis es recomendado por la Asociación Europea para el Estudio del Hígado y por la Asociación Americana para el Estudio de Enfermedades Hepáticas. El seguimiento es recomendado con el fin de reducir la mortalidad relacionada con el cáncer, pese a reconocerse la ansiedad que provoca este seguimiento, así como las imperfecciones de la radiología, especialmente en los tumores pequeños. Los pacientes en los que se recomienda este seguimiento son:

pacientes con infección por virus de la hepatitis B: varones de Asía-Pacífico mayores de 40 años, mujeres de Asia-Pacífico mayores de 50 años, pacientes con cirrosis, antecedente familiar de hepatocarcinoma, y africanos por encima de los 20 años.

Pacientes con cirrosis causada por: infección por virus de la hepatitis C, enfermedad hepática alcohólica, hemocromatosis genética, y cirrosis biliar primaria.

SIGNOS Y SÍNTOMAS AL DIAGNÓSTICO

La mayoría de los síntomas del cáncer de hígado no son exclusivos de esta enfermedad, pudiendo estar presentes en otros procesos.

Habitualmente se presentan en etapas en las que la enfermedad esta muy avanzada. Entre ellos podemos encontrar:

  • Pérdida de peso sin causa justificada.
  • Falta persistente de apetito (anorexia).
  • Fatiga o debilidad.
  • Agrandamiento o abombamiento de la región superior derecha del abdomen.
  • Dolor persistente en la zona central superior del abdomen
  • Hinchazón abdominal generalizada progresiva.
  • Coloración amarillento-verdosa de la piel y los ojos (ictericia).
  • Fiebre.
  • Náuseas, vómitos, sensación de saciedad precoz tras ingerir alimentos.
  • Coloración oscura de la orina (coluria) y heces blanquecinas (acolia).
  • Picor o quemazón excesiva y generalizada en la piel.
  • Confusión o somnolencia excesivas.

En caso de padecer cirrosis o hepatitis crónica, empeoramiento de su estado.

Es importante resaltar que estos síntomas también pueden estar causados por otros cánceres, por otras enfermedades del hígado, o por otras causas menos serias. En caso de presentar alguno de estos síntomas debe consultar con su médico a la mayor brevedad posible, pues sólo un médico puede evaluar su trascendencia.

ESTUDIOS DIAGNÓSTICOS

Una vez que consulte a su médico, éste le interrogará sobre sus síntomas y su historial médico previo. Igualmente le realizará un examen físico completo.

Posteriormente, y basándose en las sospechas diagnósticas, en el estudio del cáncer de hígado se pueden realizar diferentes pruebas diagnósticas entre las que podemos incluir:

Análisis de sangre, incluyendo pruebas de función renal (creatinina) y hepática (bilirrubina)

Pruebas de coagulación.

Determinación sanguínea de marcadores tumorales. El más asociado al cáncer de hígado es la determinación de niveles de alfa-fetoproteína, aunque un valor elevado por encima de límites normales no implica necesariamente la existencia de un cáncer de hígado.

Pruebas serológicas de hepatitis.

Radiografías simples de tórax y abdomen.

Ecografía.

Tomografía Axial Computerizada (TAC): permite conocer la extensión local del tumor, la posible afectación de ganglios cercanos, y la extensión a otros órganos.

Resonancia Nuclear Magnética.

En los pacientes que presentan alto riesgo de padecer esta enfermedad, tal es el caso de los pacientes con hepatitis crónica, se realiza seguimiento periódico mediante técnicas de imagen. No obstante, a menudo, estas pruebas de imagen no son definitivas por no poder distinguir entre el hígado cirrótico y el tumoral. A menudo se requiere de la biopsia repetida para diferenciar entre el cáncer y la cirrosis.

En la mayoría de los casos es, por lo tanto, necesario obtener una muestra de la zona sospechosa del hígado para confirmar el diagnóstico de cáncer de hígado. En algunas ocasiones también se requiere obtener muestra de las áreas consideradas como sanas, para confirmar el diagnóstico y para plantear el tratamiento más adecuado para cada enfermo. Estas biopsias se realizan habitualmente mediante punciones externas (a través de la piel en la pared abdominal), pudiendo también realizarse mediante laparoscopia (inserción de un tubo delgado con iluminación a través de un pequeño corte en la pared del abdomen para observar el hígado).

Con el fin de conocer la extensión de la enfermedad, y así ofrecer el tratamiento más adecuado, puede ser necesaria la realización de exploraciones de otras partes del cuerpo, dependiendo de los síntomas que presente el paciente.

TIPOS HISTOLÓGICOS

El hígado es un lugar frecuente de asiento de metástasis de una gran variedad de cánceres, que habitualmente lo alcanzan mediante diseminación vía sanguínea.

Los tumores metastáticos suelen ser de localización periférica y múltiple en el hígado, mientras que los tumores primitivos de hígado suelen tener localización central y única.

En lo que a tumores primarios malignos de hígado se refiere, los originados en este mismo órgano, podemos distinguir:

  • Carcinoma hepatocelular (hepatocarcinoma). Comprende entre el 80 – 90% de casos de cáncer primario de hígado. Dentro de este grupo existe una variante denominada fibrolamelar, de presentación habitual en mujeres jóvenes, con mejor pronóstico que el hepatocarcinoma común.
  • Colangiocarcinoma.
  • Cistoadenocarcinoma.
  • Hepatoblastoma (rara vez ocurre en adultos).
  • Sarcomas (angiosarcoma, leiomiosarcoma…)
  • Indiferenciado.

En la edad infantil los tumores más comunes son los primarios, fundamentalmente el hepatoblastoma, mientras que en la edad adulta son más frecuentes las metástasis, siendo el carcinoma hepatocelular el tumor primitivo más prevalente.

El hemangioma es el tumor hepático benigno más común, siendo los restantes tipos de tumores benignos muy infrecuentes (adenoma, hiperplasia nodular focal, hamartoma, teratoma, fibroma).

PATRÓN DE DISEMINACIÓN (METASTASIS)

El mecanismo fundamental de diseminación del hepatocarcinoma es a través de las venas porta (intrahepáticas) y de las venas hepáticas. La diseminación venosa intrahepática no se puede diferenciar de las lesiones satélites (independientes, pero próximas a la lesión principal) o tumores multifocales y se clasifica como tumores múltiples. Las localizaciones más frecuentes de diseminación extrahepática son los pulmones y los huesos. Los tumores pueden extenderse a través de la cápsula hepática a los órganos adyacentes (glándula suprarrenal, diafragma y colon) o pueden romperse, causando la hemorragia aguda y las metástasis peritoneales.

ESTADIOS (ESTADIAJE)

Según consenso alcanzado por el AJCC (Comité Estadounidense Conjunto sobre el Cáncer), y dentro del sistema denominado TNM, se han designado diferentes categorías (T: tumor primario; N: ganglios linfáticos regionales; M: metástasis a distancia) que clasifican al cáncer de hígado en diferentes estadios.

Esta clasificación considera la existencia o ausencia de invasión de los vasos sanguíneos, el número de nódulos tumorales, y el tamaño del tumor más grande.

Los estadios del hepatocarcinoma, agrupados según pronósticos son:

  • Estadio I: existencia de sólo un tumor, que no se ha extendido afectando a vasos sanguíneos.
  • Estadio II: sólo un tumor que se ha extendido afectando a vasos, o más de un tumor, ninguno mayor de 5 cm.
  • Estadio III:
  • Estadio IIIA: más de un tumor, alguno mayor de 5 cm.
  • Estadio IIIB: existencia de uno o más tumores de cualquier tamaño que afectan a una rama principal de la vena porta o de la vena hepática.
  • Estadio IIIC: el tumor o tumores invaden directamente órganos vecinos distintos de la vesícula biliar, o perforan el peritoneo visceral.
  • Estadio IV:
  • Estadio IVA: el tumor afecta a los ganglios linfáticos regionales.
  • Estadio IVB: el tumor se ha extendido más allá del hígado, alcanzando otras partes del cuerpo, tales como los huesos o el pulmón.

Esta clasificación por estadios no es aplicable a los sarcomas primarios de hígado, a los tumores metastásicos en hígado, ni a los tumores de la vía biliar.

La clasificación de Okuda, además del TNM clásico, es el sistema de estadiaje más aceptado. La enfermedad se cataloga como estadio I, II o III según que el paciente presente ninguno, hasta 2 o hasta 4 de los siguientes signos: Más del 50% del volumen hepático ocupado por el tumor, albúmina inferior a 3 g/dl, bilirrubina superior a 3 mg/dl y ascitis.

Los tumores se clasifican igualmente según el grado histológico, utilizándose cuatro grados:

  • G1: Bien diferenciado.
  • G2: Moderadamente diferenciado.
  • G3: Pobremente diferenciado.
  • G4: Indiferenciado.

El tratamiento más adecuado del cáncer de hígado vendrá determinado por el estadio concreto de cada caso. En cualquiera de las dos clasificaciones anteriormente descritas (TNM y Okuda), los estadios superiores se asocian a etapas más avanzadas de la enfermedad.

FACTORES PRONÓSTICOS

Los principales factores que determinan el tratamiento y pronóstico (posibilidad de recuperación) de los pacientes con cáncer de hígado son:

La extensión tumoral, determinada por el estadio.

La situación funcional del hígado:
– Clasificación de Child-Pugh (A, B, C)
– Clasificación de fibrosis (F0, F1)

El estado general del paciente.

Por lo tanto, el pronóstico será más favorable en pacientes con cáncer de hígado en estadios más iniciales, con buena función hepática, sin cirrosis, y con buen estado general.

El valor elevado del marcador tumoral alfafetoproteína se ha asociado con una mayor extensión tumoral. Por el contrario, algunos estudios encuentran mejor supervivencia en aquellos pacientes con valores de alfafetoproteína dentro de los límites normales.

Para los pacientes a los que se realiza resección quirúrgica del tumor, el predictor más importante de mala evolución es la existencia de un margen quirúrgico positivo (margen quirúrgico afecto macroscópicamente o microscópicamente indicativo de resección incompleta).

Otros factores pronósticos adversos son la invasión de grandes vasos sanguíneos y un tamaño tumoral superior a 5 cms. en pacientes con múltiples tumores.

TRATAMIENTO: ASPECTOS GENERALES

Actualmente el tratamiento del cáncer de hígado es un tema de debate y un área de extensa investigación clínica.

Antes de empezar el tratamiento, es conveniente que los pacientes consideren participar en un ensayo clínico (estudio de investigación que procura mejorar los tratamientos actuales u obtener información sobre tratamientos nuevos para pacientes con cáncer).

Las principales estrategias terapéuticas utilizadas en el tratamiento del cáncer de hígado son:

Cirugía:

Su objetivo es extirpar el tumor con márgenes libres, es decir, sin dejar enfermedad residual. Se considera indicada en estadios iniciales de la enfermedad (resecable), en pacientes con buena función hepática.

El transplante hepático se plantea en pacientes menores de 65 años, en estadios iniciales de enfermedad, y con una serie de características determinadas. Su fundamento es la extirpación del tumor así como del hígado cirrótico, eliminando así el principal factor de riesgo. Sus inconvenientes son la dificultad técnica de la intervención, la inmunosupresión a largo plazo, y la escasez de órganos para transplante.

Tratamiento percutáneo:

Se considera en aquellos pacientes en los que, presentando estadios iniciales de la enfermedad, no son candidatos para resección quirúrgica o transplante hepático. La inyección percutánea de etanol guiada por ecografía (alcoholización) es el método más extendido dentro de esta categoría, dada su eficacia, bajo coste, seguridad y relativa sencillez.

La criocirugía (destrucción del tumor mediante congelación) coagulación por microondas y ablación por radiofrecuencia (destrucción del tumor mediante calor) son nuevas modalidades de tratamiento local percutáneo.

La radiofrecuencia es la única de estas técnicas percutáneas que se ha demostrado superior a la ablación percutánea con etanol.

Tratamiento sistémico:

La quimioembolización es un tratamiento local no curativo que consiste en la infusión de un fármaco a través de las arterias. Está indicada en estadios iniciales no subsidiarios de cirugía, transplante o ablación por radiofrecuencia. Esta técnica también puede ser utilizada como paso intermedio al trasplante. La trombosis venosa portal, la trombocitopenia y la insuficiencia hepática pueden ser contraindicaciones para esta técnica.

La quimioterapia sistémica, ya sea de administración oral o intravenosa, consiste en la introducción de un fármaco para que éste alcance el torrente sanguíneo y así tratar de eliminar las células cancerosas de todo el cuerpo (dentro y fuera del hígado).

En 2007 se presentaron los primeros resultados que demostraban como sorafenib, fármaco de administración oral dirigido contra ciertas dianas celulares, era capaz de prolongar tanto la supervivencia global, como la supervivencia sin progresión en pacientes con hepatocarcinoma avanzado y buen estado general, comparándose frente al mejor tratamiento de soporte.

Actualmente el tratamiento con sorafenib se recomienda para pacientes Child-Pugh A (según esta clasificación o escala) con hepatocarcinoma metastásico, y es una de las alternativas de tratamiento para pacientes con hepatocarcinoma localizado inoperable.

Actualmente existen ensayos clínicos que tratan de probar la eficacia de otros fármacos sistémicos en el hepatocarcinoma, ya sea al inicio del tratamiento o tras fracasar alguna de las estrategias anteriormente comentadas. En pacientes con estado general conservado esta alternativa puede ser ofrecida por el equipo médico, y debiera ser considerada por el paciente.

Radioterapia:

La radioterapia convencional no es una técnica aplicable al tratamiento local del cáncer de hígado. Nuevas modalidades de tratamiento radioterápico se encuentran todavía en investigación.

Otros tratamientos en investigación son la hipertermia y las terapias biológicas (inmunoterapia).

TRATAMIENTO

Tratamiento: Estadios localizados

Las alternativas de tratamiento incluyen:

  • Cirugía.
  • Tratamiento percutáneo.
  • Quimioembolización.

Ver apartado  Tratamiento: aspectos generales.

El tamaño tumoral, siempre y cuando sea factible la resección quirúrgica, no es importante en los pacientes sin cirrosis. En pacientes con cirrosis, sin embargo, el resultado de la cirugía es mejor en aquellos casos en los que no existe hipertensión portal y el tumor es precoz (menor de 2 cms.) o en algunos casos de tumores menores de 5 cms.

El tratamiento adyuvante, con el fin de reducir la probabilidad de recaída no se ha demostrado eficaz. No obstante puede considerarse dentro de un ensayo clínico.

Excepcionalmente, tal es el caso de encontrase el paciente a la espera de transplante hepático, puede justificarse el tratamiento neoadyuvante (estrategia de tratamiento aplicada antes de la planificada con intención radical).

Tratamiento: Estadios avanzados

No existe un tratamiento estándar recomendado en estadios avanzados de cáncer de hígado. El objetivo del tratamiento es la paliación (alivio de síntomas con mejoría en la calidad de vida), tratando igualmente de prolongar la supervivencia del paciente.

El tratamiento puede incluir:

  • Cirugía
  • Tratamiento percutáneo.
  • Tratamiento sistémico.
  • En ocasiones, el tratamiento puede realizarse dentro de un ensayo clínico.
  • Ver apartado  Tratamiento: aspectos generales.

Tratamiento de la recaída

La recaída del hepatocarcinoma tras un tratamiento local (cirugía o ablación) se clasifica en precoz (semanas o meses) y tardía (más de dos años tras tratamiento inicial). La recaída precoz se atribuye a fallo del tratamiento inicial, mientras que la tardía se justifica mayoritariamente por la aparición de nuevos tumores.

No existe una estrategia única de tratamiento recomendado en la recaída del hepatocarcinoma, y su enfoque terapéutico, al igual que en el tratamiento inicial, suele ser multidisciplinar condicionado por el tamaño, localización, función hepática y estado general del paciente.

SEGUIMIENTO

En el caso de remisión de la enfermedad, se recomienda la realización de un seguimiento periódico que debe incluir:

  • Entrevista médica.
  • Exploración física.
  • Análisis sanguíneos.
  • Pruebas de imagen.

Ver apartado: Estudios diagnósticos.

El objetivo de este seguimiento periódico es detectar precozmente la recaída, en caso de que se produzca, con el fin de instaurar un tratamiento rápido y con mayores opciones de éxito.

 

Publicado por Luis en Tumor, metástasis, investigación y tratamientos

Boehringer Ingelheim presenta los primeros resultados de su investigación en hepatitis C

Su combinación oral de inhibidor de la proteasa e inhibidor de la polimerasa muestra una respuesta viral rápida sin uso de interferón pegilado.

Estos datos se han presentado en la reunión anual de la Asociación Américana para el Estudio de las Enfermedades Hepáticas (AASLD)

Sant Cugat, 8 de noviembre de 2010.– Boehringer Ingelheim avanza en su investigación en el tratamiento de la hepatitis C y ha anunciado los resultados de un estudio de fase I, SOUND-C1 en el marco del encuentro de la Asociación Americana para el Estudio de las Enfermedades Hepáticas. Los resultados de este ensayo han mostrado que la combinación de dos compuestos orales, el inhibidor de la proteasa BI 201335 y el inhibidor de la polimerasa BI 207127, junto con ribavirina reduce la carga viral hasta un límite inferior a los niveles cuantificables en pacientes no sometidos a tratamiento previo para el virus de la hepatitis C.
Con la presentación de estos resultados Boehringer Ingelheim demuestra de nuevo su compromiso con la investigación en virología y presenta su actual programa de ensayos clínicos para el tratamiento de la hepatitis C.
Avance en hepatitis C
En la reunión americana se han analizado los resultados de un ensayo aleatorizado, abierto, en 32 pacientes sin tratamiento previo para la hepatitis C. Durante 28 días, recibieron una combinación de BI 207127 (en dosis de 400 mg o 600 mg tres veces al día) con BI 201335 120 mg una vez al día junto con ribavirina (RBV) (1000/1200 mg al día en dos dosis).
La nueva combinación de inhibidor de la proteasa-polimerasa de Boehringer Ingelheim mostró un 73-100% de pacientes con respuesta virológica rápida, en una pauta sin interferón pegilado y todos los pacientes experimentaron un descenso rápido y pronunciado en la carga viral de HCV durante los primeros dos días, seguido de una segunda fase de descenso más lento.
En este sentido el Dr. Stefan Zeuzem, Director del Departamento de Medicina, profesor del Hospital Universitario Johann Wolfgang Goethe de Frankfurt, Alemania, e investigador jefe del estudio afirma que “estos primeros datos sugieren que hay potencial para que la combinación de tratamientos orales anti-HCV reduzca la carga viral en un régimen más tolerable y sin la necesidad de utilizar interferón, que es el tratamiento de referencia actual”.
2 compuestos en fase de investigación
Boehringer Ingelheim investiga actualmente en el tratamiento de la Hepatitis C BI 201335, un compuesto inhibidor de la proteasa del HCV NS3/4A de administración oral que ha completado ensayos clínicos en fase IIb (estudios SILEN-C) y BI 207127 un inhibidor de la polimerasa dependiente de ARN NS5B que ha terminado ensayos clínicos de fase I.
Cabe destacar también que ya se están planificando los ensayos de fase II con ambos compuestos en regímenes sin interferón y con y sin ribavirina.

Fuente

Buenas noticias para la hepatitis C

Los resultados finales de dos estudios pivotales de fase III de boceprevir, un inhibidor oral de la proteasa del virus de la hepatitis C (VHC) en fase de investigación, han demostrado unas tasas de respuesta virológica sostenida (RVS) significativamente más altas en pacientes adultos que no habían respondido previamente al tratamiento y en pacientes adultos que recibían tratamiento por primera vez para el virus de la hepatitis C crónica de genotipo 1, comparado con el grupo control, el objetivo principal de los estudios. Los resultados principales de estos estudios, publicados por primera vez hace unos meses, y una serie más amplia de análisis de los datos se acaban de presentar en el 61º Congreso Anual de la Asociación Americana para el Estudio de las Enfermedades Hepáticas (AASLD). El estudio HCV Respond-2, realizado en EE UU y en otros centros internacionales, incluyó a 403 pacientes adultos en los que había fracasado el tratamiento previo,que incluía a los pacientes que recayeron y los que no habían respondido al tratamiento previo con peginterferón y ribavirina.

Fuente

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