La triple terapia aumenta la respuesta en VHC tipo 1 sin reacción a fármacos estándar

EN CIRROSIS HAY QUE REDUCIR LA HT PORTAL
La triple terapia aumenta la respuesta en VHC tipo 1 sin reacción a fármacos estándar
La triple terapia aumenta un 40 por ciento la respuesta de los pacientes con virus C infectados por el genotipo 1 que no reaccionan al tratamiento estándar, conformado por interferón pegilado y ribavirina, según Agustín Albillos, presidente del comité científico de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD) y jefe de Sección del Servicio de Digestivo del Hospital Universitario Ramón y Cajal, de Madrid.

M. R. L. Santiago – Jueves, 24 de Junio de 2010

El virus C es uno de los grandes causantes de cirrrosis en España, más frecuente en nuestro país que el B, y el tratamiento estándar para los pacientes con el tipo 1 "nos dejaba insatisfechos porque tiene unas tasas de curación del 45 por ciento". Dentro de un año saldrán al mercado otros fármacos que se sumarán a los que ya se utilizan y que constituirán la triple terapia. Estos fármacos son el telaprevir y boceprevir y son inhibidores de la proteasa. Habrá más efectos secundarios, sobre todo dermatológicos. Inicialmente, se indicarán a los pacientes con el genotipo 1 que no hayan respondido a la terapia convencional.

En cuanto al virus B, los especialistas disponen de datos a largo plazo de los dos principales fármacos frente a esta hepatitis crónica, que son el tenofovir y el entecavir. Demuestran la escasa aparición de resistencia vírica, la disminución de la fibrosis hepática y su seguridad. Entre los nuevos objetivos para el tratamiento, figura la eliminación del antígeno de superficie.

La cirrosis es la consecuencia común de muchas enfermedades hepáticas y también se ha progresado en el manejo de los pacientes cirróticos con hipertensión portal. Uno es la importancia alcanzada por la medida de la presión portal mediante el cateterismo de venas suprahepáticas: "Se conoce bien el nivel de presión portal a partir del cual, en la evolución de la enfermedad, el paciente está en riesgo de desarrollar complicaciones y que, por debajo de ese nivel, el riesgo es prácticamente nulo".

En segundo lugar, se sabe que reduciendo la presión portal más allá de unos valores determinados, se disminuye el riesgo de complicaciones y mejora la supervivencia del paciente. Albillos ha explicado así el interés en identificar a los enfermos con cirrosis en los que esta hipertensión ha alcanzado un valor clínicamente significativo para que puedan beneficiarse de tratamientos específicos.

En España varios centros realizan esta determinación. También se está trabajando activamente en la búsqueda de métodos no invasivos. Fibroscan es un ejemplo para identificar de forma no invasiva a cirróticos en los que la presión portal ha alcanzado ya un valor que les pone en riesgo de desarrollar complicaciones.

Publicado por salud equitativa en 16:31

Pascual Parrilla: «No olvido las batallas que he perdido»

Pascual Parrilla: «No olvido las batallas que he perdido»

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Pascual Parrilla (1945, Torrente), llegó a Murcia en 1975 como profesor de la Facultad de Medicina y cirujano del Hospital Provincial. De ahí saltó a La Arrixaca como jefe de servicio de Cirugía General. Ha convertido a este servicio en una referencia en investigación, con más de 500 publicaciones científicas y un centenar de tesis doctorales. Ha creado unidades punteras como la de Cirugía Esofagogástrica. Fue el catedrático más joven de España. Es el máximo responsable del programa regional de trasplante hepático, que es referencia en todo el mundo con más de 850 trasplantes realizados.

A Pascual Parrilla (Torrente, 1945) todo el mundo en La Arrixaca lo conoce como ‘el profesor’. No sólo porque ha dado clase a casi todos los cirujanos del servicio que dirige. También porque Parrilla es un sabio. Lo es en el sentido más clásico del término. Científico y humanista, amante de la conversación y la reflexión serena, abjura del griterío que nos rodea y del ejercicio arbitrario del poder. La Comunidad Autónoma acaba de premiar su trayectoria otorgándole la Medalla de Oro de la Región, que recogerá este miércoles.

– En una entrevista que concedió hace ya años a este periódico todavía se acordaba del nombre de la primera persona a la que implantó un hígado. ¿Lo sigue recordando?

– Josefa. Claro que me acuerdo de Josefa. Me acuerdo del primer paciente, y del segundo, que era una mujer de Yecla, y del tercero, un hombre de Abanilla con el que luego estuvimos comiendo en su pueblo. Me acuerdo del cuarto, y del quinto… De los primeros no te olvidas nunca. Fueron muy importantes para nosotros. Sólo se trasplantaba en Madrid, Barcelona y Murcia, y era un reto muy importante.

– Lo que cuenta refleja una relación muy humana con los pacientes.

– La relación que tiene un cirujano con un enfermo es muy especial. El paciente no se está tomando una pastilla que le has recetado; que vaya mejor o peor depende de tus propias manos. Eso hace que cuando las cosas van mal padezcas mucho. Ha habido una hemorragia, se ha ido una sutura… Si algo caracteriza a la escuela de cirujanos que hemos formado aquí en Murcia es que todos tienen una relación especial con los pacientes porque todos me han visto a mí hacerlo. Lo digo siempre: «No entréis nunca a ver a un enfermo sin ver antes la historia y saber cómo se llama. Y cuando entréis lo llamáis por su nombre». Eso lo agradece mucho el paciente: que te sientes a su lado, le cojas la mano y le preguntes cómo ha pasado la noche. Donde muchas veces no llegamos con los recursos médicos hay que llegar con la palabra: atenderlos, consolarlos. Estamos hablando de que la mayoría de cirugía en el hospital es de enfermos muy graves, oncológicos. Es gente que está en la jungla, perdida, y se te agarra al brazo porque piensa que tú lo puedes salvar. Hay una responsabilidad muy grande. No podemos ser fríos.

– ¿Cómo se consigue, después de tantos años, no caer en cierta deshumanización?

– Cuando viene un enfermo y un médico empieza: «Mujer de 45 años con tal patología», yo digo: «Un momento. Cómo se llama, de dónde viene, cuántos hijos tiene, a qué se dedica». Antes de hablar con el paciente quiero saber quién es. Muchas veces se quedan pasmados, pero la historia clínica no se puede hacer de otra manera. Tienes que saber si es una persona optimista o pesimista, si es de los que creen que tienen la desgracia encima, tienes que conocer sus hábitos… Eso es básico para que el paciente gane confianza. Para mí es fundamental, porque si no, no sé ni cómo hablarle, cómo explicarle lo que tiene y lo que vamos a hacer. Porque dependiendo de cómo es él, las cosas hay que explicárselas de una u otra manera.

– Pero en toda profesión siempre hay cosas que se convierten en rutina.

– De esto no te puedes cansar. Te has de enganchar a los enfermos. Yo tengo cartas de agradecimiento a centenares, y todas dicen lo mismo: Estamos muy agradecidos de su habilidad técnica, pero sobre todo de su comportamiento, de cómo se ha portado con nosotros. Es que eso es fundamental.

– Pero eso tiene otra cara: las consecuencias psicológicas para el cirujano. Usted ha tenido muchos éxitos pero, ¿cómo asume la pérdida de un paciente?

– Cuando pierdes, cuando las cosas se tuercen y la escena está dominada por el pánico y la angustia, llegas a casa y tu mujer te dice: «Así no podemos seguir viviendo, no puedes llevar encima los dramas de todo el mundo». Pero es que no se puede ser buen médico de otra manera. No somos relojeros y no estamos montando ruedas de coche. Es así, sobre todo con el paciente oncológico, que es lo que aquí vemos. Cáncer de páncreas, cáncer de esófago, trasplantes. Son enfermos muy complejos. No sólo es la operación, luego hay que estar pendientes, revisarlos… La profesión es así. Hay momentos en que pierdes, pero también en muchos ganas, y el paciente te mira a los ojos y es muy reconfortante. A lo mejor has hecho una operación y está allí toda la familia y algo está saliendo mal. Les dices que no se preocupen, pero tú te vas a tu casa y no duermes. Padeces mucho pero, en fin, vivir no es sólo reirse.

– En definitiva, ha tenido que aprender a asumir las derrotas.

– Por supuesto. Es más, no me acuerdo de las cosas que han ido bien. Eso se me olvida. Lo que no se olvida es lo que ha ido mal, las batallas que has perdido siendo consciente de que ha sido por tí, porque no actuaste como debías y luego las cosas vienen ya mal dadas y no se puede solucionar. Otras veces, aunque hagas todo bien las cosas van mal porque surgen complicaciones. Hay situaciones en la batalla contra el cáncer que solucionas, y otras no. Las vas manteniendo, las vas alargando, pero al final la batalla termina.

– Hablemos ahora de los éxitos. La unidad de trasplante hepático es una referencia en toda España.

– El servicio de Cirugía es de referencia a nivel nacional porque está estructurado en unidades superespecializadas, y cada una de ellas ha alcanzado un nivel de excelencia importante. En este servicio hay por ejemplo una unidad de cirugía esofagogástrica, que hace que nos manden aquí los cánceres de esófago de toda la Región y de otras comunidades limítrofes. También hay unidades de cirugía endocrina (tiroides, etc), cirugía colorrectal, obesidad mórbida, trasplante de hígado y pancreas, cirugía de la mama… He conseguido que los cirujanos que trabajaban conmigo aceptaran dedicarse a un campo concreto. Eso supone una renuncia, pero yo les digo: «No te preocupes, en unos años serás un referente nacional en esto». Este fue probablemente el primer servicio de España que adoptó este esquema de superespecialización.

– De todo lo que ha conseguido, ¿qué le hace sentirse más orgulloso?

– Lo que más define a este departamento, lo que lo distingue de otros en España es, por una parte, la vocación investigadora. Hablo de investigación de nivel, de publicar en revistas de impacto. Se nos conoce, somos referencia internacional en muchos campos. Otro aspecto que nos define es esa relación especial médico-paciente de la que hablábamos antes. Otra, el nivel de la calidad asistencial. Aquí vienen a aprender residentes y médicos de casi todas partes de España.

– A usted, en el hospital, le llaman profesor.

– Aquí somos 27 cirujanos. De ellos, tres llegaron conmigo cuando vine de Valencia, y otros 23 son alumnos míos de aquí, de Murcia. Me conocieron cuando fui a darles clases. Les gustó la cirugía, hicieron el MIR, sacaron una muy buena nota, escogieron Cirugía y se quedaron. En ese sentido, somos una familia. Me da mucha satisfacción comprobar que son buenos profesionales científicamente, técnicamente, humanamente, que se les reconoce en todo el país, que están convencidos de que hay que hacer un departamento competitivo y potente. Hemos creado una escuela, un grupo muy importante. De mis alumnos hay ya tres catedráticos, y hay cinco o seis profesores titulares en la Universidad.

– Dicen que en algunas clases sus alumnos le han llegado a aplaudir.

– (sonríe) Eso fue el año pasado.A mí me gusta mucho dar clase. Ahora doy menos, voy a explicar los temas más frecuentes: apendicitis, abdomen agudo… Eso está en los libros, pero si a los chicos se lo cuenta una persona que tiene experiencia y se lo comunica bien, no se les olvida nunca. Cuando vas por ahí, te da mucho gusto que en otras ciudades te digan: «Yo estudié con usted, y no me he olvidado nunca de sus clases». En el Morales Meseguer hay un gran número de cirujanos que han sido residentes míos. He formado a más de 120 residentes de cirugía. Y alumnos en la Facultad, si empecé en el 75… No sé, ya he perdido la cuenta.

– ¿Cuántas veces ha entrado al quirófano a lo largo de su vida?

– Uff… Muchísimas. No lo sé. Unas 300 al año. Empecé con la residencia cuando tenía 22 años y tengo 64. Mire si han pasado años.

– Cuando abandona la mesa de operaciones, ¿qué cosas le preocupan del mundo que le rodea?

– Todo, me preocupa todo. Soy ciudadano. A parte del fútbol, que es lo único que me distrae, me gusta el cine, me gusta leer, y procuro estar al día. Leo la prensa los fines de semana. Intento enterarme de cómo van las cosas.

– ¿Ve alguna patología grave en el panorama actual?

– Pintaba mejor esto después de la Transición. Todo era más constructivo. La oposición era más constructiva, tanto la que hacía la derecha como la que hacía la izquierda. No me gusta lo que veo, no me gusta la política de cuanto peor mejor. No hablo de unos o de otros, hablo de todos. Luego está la corrupción, que también afecta tanto a unos como a otros. Es un desencanto para la población. Creo que si tiene que haber dos Españas no debe ser la izquierda y la derecha, sino la España de los que trabajan y la de los que no trabajan, la de los honrados y la de quienes no son honrados. Ahí si me apunto, pero a una España de izquierdas y otra de derechas, no. La vida va enseñándole a uno muchas cosas.

– En las entrevistas que ha concedido le han preguntado si se considera usted un peso pesado de la sanidad regional. Siempre ha contestado que no, pero con esta medalla no sé si puede seguir negándolo.

– Yo lo que puedo decir es que soy un apasionado de mi profesión: de la enseñanza, de la investigación, de la asistencia y los enfermos. Llegué a Murcia muy joven, con 29 años, y me he dedicado a esto en cuerpo y alma. Eso pueden decirlo mi mujer y mis hijos. No tengo ningún poder, quizá sí autoridad moral porque ya son muchos años dando la cara. No me gusta ejercer poder; no me gusta gritar a un residente. También tengo que decir que todos los poderes políticos de Murcia me han respetado siempre, y me han ayudado. Este presidente, con el que personalmente no he hablado más de tres o cuatro veces, siempre me ha escuchado, me ha entendido y me ha apoyado.

Fuente: La Verdad

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